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Campaña sucia

Campaña sucia

Por Leandro Grille.

El miércoles 24 de enero, un día después de la manifestación de empresarios rurales en Durazno, un hecho curioso sucedió en la red social Twitter. De forma subrepticia, una tema se instaló como tendencia en Uruguay con el hashtag #misderechos, impulsado por perfiles creados en los últimos días, e incluso el mismo día, y en muchos casos sin seguidores. Los tuits de los perfiles que utilizaban este hashtag manifestaban su oposición a las políticas de género en el marco de un posicionamiento fuertemente conservador. Rápidamente se hizo evidente que la movida había sido orquestada y restaba determinar quién estaba detrás de ella. Cuando comenzó a reflejarse en Twitter la indignación de muchos usuarios con un operativo de instalación de una campaña misógina y homofóbica, contraria a las políticas de inclusión que hace unos años se viene implementando en Uruguay, básicamente motorizado por trolls y cuentas sin seguidores concertadas entre sí, los propios trolls se fueron descubriendo por su impericia y algunos cambiaron sus fotos de perfil, mientras que por lo menos uno de ellos (el perfil @Campos16De) reportaba desde una suerte de cuenta coordinadora. Esa cuenta correspondía al perfil en Twitter del pastor Jorge Márquez de la muy cuestionada Iglesia Misión Vida para las Naciones.

El pastor Márquez es el fundador de la Iglesia Misión Vida y de los hogares Beraca, que han sido denunciados por violencia y explotación de personas. Su yerno es el diputado Álvaro Dastugue, que ingresó a la cámara como suplente de Verónica Alonso, que iba como número tres al Senado. Dastugue conforma la bancada evangélica y de algún modo constituye el desembarco de esta iglesia en el Parlamento, cuyos fieles fueron obligados a participar en sus actos de campaña y a repartir listas.

Sumando: un grupo coordinado de trolls instala como tendencia en la red social Twitter una etiqueta para atacar las políticas de inclusión y de género; los propios perfiles falsos, al verse descubiertos, le reportan al pastor Márquez para ponerlo al tanto. Pero el protagonismo del pastor Márquez en esta jugarreta nos lleva directo a preguntarnos por el diputado Álvaro Dastugue y la precandidata nacionalista Verónica Alonso. Es que Verónica Alonso viene de cerrar un acuerdo con el jefe de campaña de Mauricio Macri, Jaime Durán Barba, cuyas estrategias de campañas sucias son bien conocidas. A esto hay que agregarle que hace poco la senadora nacionalista fue descubierta en una puesta en escena, cuando  le sacaron fotos haciendo que pintaba sin pintura  murales pintados anteriormente en el Marconi. Esta estrategia de puestas en escena también es propia de Durán Barba, que las ha utilizado hasta el absurdo con sus más famosos dirigidos, el presidente argentino Mauricio Macri y la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

Ahora bien, ese tipo de estrategias parecen torpes e incluso con alto riesgo de caer en el ridículo, pero son muy eficientes cuando se cuenta con el control de los medios de comunicación. Porque si los medios no cuentan lo que pasa y apenas amplifican la polémica sobre las políticas de género, o muestran al candidato como si efectivamente estuviera pintando, entonces pasan a ser el vehículo de publicitar estas ideas y promover políticos que se instalan con fuerzas a los sectores más despolitizados de la sociedad que son, en general, los más fáciles de ser engañados por estos tipos de campaña.

La gravedad de lo que sucedió el miércoles pasado, y también curiosamente el jueves, aunque siempre en horario de oficina, lo que refuerza la idea de la participación de una agencia, está dada por el arribo a nuestro territorio a poco menos de dos años de las elecciones de procedimientos de campaña sucia  que han hecho enorme daño en países vecinos, y que también pueden hacer daño aquí, sobre todo a las propuestas políticas progresistas que son las principales víctimas de estas estratagemas.

Pero además esto no puede ser analizado sin tomar en cuenta el contexto de la posición explícita adoptada por Andebu, con el voto de todos los canales privados y los titulares de las emisoras, de apoyar el acto de los ruralistas que, en un principio, amenazaba con desabastecer al país y declararle la guerra al gobierno, aunque al final debieron moderar el discurso y el alcance del alzamiento cuando vieron el fracaso de la convocatoria en relación con las expectativas que se habían fijado.

Si los candidatos de los partidos tradicionales están dispuestos a dejarse conducir por el camino de la campaña sucia, con trolls en las redes sociales, instalación de temas con bots creados en agencia, publinotas con enormes puestas en escena donde sus candidatos aparecen en acciones con apariencia de autenticidad y, sin embargo, está todo finamente planificado por publicistas, además de que la gente con la que interactúan son bolos contratados (advierto para cuando empiecen con los timbrazos o timbreos), no debe soslayarse que los canales y las radios ya tomaron formalmente partido en la campaña contra el Frente Amplio y hasta estuvieron a punto a convocar a piquetear las rutas y dejar sin alimentos al sur del país, incluyendo Montevideo y los principales polos turísticos.

Esta alianza entre las cámaras empresariales, las agremiaciones patronales rurales, todos los grandes medios de comunicación, los partidos políticos tradicionales en el marco de la incursión del durambarbismo comunicacional son un verdadero peligro para la salud democrática de la sociedad uruguaya. Conviene tenerlo presente, no subestimarlo y prepararse para lo que va a ser la campaña electoral más mugrienta desde que terminó la dictadura.

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